Sus ojos implican la mirada pura del alma, escribiendo, así, nuevas páginas de la vida misma, ignorando el alrededor aletargado, sumiso y displicente, como parte de un despegue de un mundo aletargado por mi propia sumisión, refrescando mi idea del no ser dominado en base a la manipulación pseudoamorosa, influencias déspotas, ejercidas por la consecuencia del no lastimar la dolencia exterior, sustentando el apego insulso, destronando la realidad desconcertante.
Sin embargo, esos ojos y esa sonrisa despiertan la restauración de mi alma fustigada, reluciendo un nuevo renacimiento colosal, todos los días, esperando ese abrazo-fusión.

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