jueves, 2 de mayo de 2019

Letanía social y solemne


Liviandades proxenetas infligen la divinidad no implícita de su soledad. Emerge así, el nuevo y oscuro relajo del Ser sincero, negado y apesadumbrado (como cuando se recibe un gol en contra a los 45´ del ST), puedo sopesar una dejadez inerte que acompaña a una depresión detenida en el tiempo.
Preferiría no ser esclavo de esa depresión porque absorbe copiosamente el estado neutral del alma, que administra más que nada, el orden no explicado de la sinestesia. A su vez, inflingir un dialecto que no llega a los profundos y lúgubres lugares donde la depresión obsoleta termina siendo obediente, puede que participe de la danza de la quietud y nunca representar la hidalguía con que se toma todo este asunto, antes de sucumbir a la letanía maloliente.

 

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